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Un acto irracional que nos igualaría a los intolerantes”
 
En su amplio mensaje, la Asociación Española de Pintores y Escultores recuerda que “los artistas, los grandes artistas de cualquier parte del mundo, viven de su trabajo. En otros tiempos y en la actualidad, al menos lo intentan. Pero cuando uno es artista, lucha por sobrevivir con mayor o menor éxito, y por llegar a ser parte de la historia y por dejar su huella creativa y de belleza en este mundo cada vez más atípico y variable”.
Los artistas, recuerda la entidad, “también tienen que comer y reciben encargos de todo tipo. Les gustarán más o menos, pero se deben a ellos y a su arte. Como cualquier hijo de vecino, el artista también tiene su propia ideología, y es libre también de declararla o reservarla para él, pero el acto creador no reconoce doctrinas que no sean las puramente dictadas por el ansia de trabajar y crear, sin límites ni fondos ocultos”.
Argumenta la AEPE que “también a los artistas les toca vivir épocas en las que los gustos de la sociedad, los gustos de las instituciones, son unos, y quizás deban ceñirse a ellos, pese a su libertad creadora, y a los movimientos artísticos que marquen ese momento de la historia, y a los temas predominantes en ese contexto específico. Lo que no puede bajo ningún concepto hacerse, es descalificar una obra en base a la ideología de su autor y analizarla torticeramente en otra época y contexto histórico, puesto que entonces perderíamos todo sentido artístico en un acto irracional y estúpido que nos igualaría a los intolerantes”.
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